En el camino hacia la transformación personal y el éxito, a menudo cometemos un error fundamental: tratamos a nuestro cuerpo como un simple pasajero, cuando en realidad es el vehículo sin el cual ninguna meta es alcanzable.
Durante décadas, se creyó que el cerebro adulto era una estructura rígida e inmutable. La ciencia nos decía que, después de cierta edad, estábamos “cableados” de una forma definitiva. Afortunadamente, la ciencia estaba equivocada.
¿Alguna vez te has detenido a escuchar realmente cómo te hablas a ti mismo? Para la mayoría de las personas, la voz más crítica, dura y desalentadora no proviene de un jefe o un familiar, sino de su propio diálogo interno.
Respiramos alrededor de 20,000 veces al día. Es un acto tan automático que rara vez le prestamos atención. Sin embargo, ¿qué pasaría si te dijera que en ese proceso automático se esconde el “control remoto” de tu sistema nervioso?
¿Alguna vez has sentido que quieres lograr una meta con todas tus fuerzas, pero algo en tu interior te detiene? Es esa sensación de tener un pie en el acelerador y otro en el freno. En el mundo de la transformación personal, a esto lo llamamos falta de coherencia.